El punto ciego: nadie avisaba de nada. Ni de un despliegue, ni de una firma rechazada, ni de un fallo de respaldo. La solución obvia —un bot con acceso al sistema— habría añadido superficie y privilegios. La construida no abre puertos y no puede elevarse.
Ninguna flecha apunta hacia dentro. El recolector es la única pieza con permisos y no habla con el exterior; el bot habla con el exterior y no tiene permisos. Separar esas dos capacidades es lo que hace que un fallo en el bot no sirva de nada a quien lo encuentre.
Avisos inmediatos de lo que importa, informe diario de lo que no, y consulta del estado completo desde cualquier sitio — sin un solo puerto abierto y sin que el proceso expuesto tenga acceso al sistema. La medición de exposición cayó de 8.0 a 1.3 sobre 10, pero la mejora que cuenta no aparece en esa cifra: el proceso que recibe entrada externa ya no puede alcanzar el motor de contenedores, y con él la vía a privilegios totales.