El reto: el pipeline despliega lo que llega al registro, pero ¿y si lo que llega no lo construyó el CI? Una credencial filtrada o una publicación accidental bastarían para servir una imagen ajena. La respuesta es criptografía en vez de confianza: el servidor solo acepta imágenes cuya firma puede verificar.
La clave privada nunca toca el servidor; la pública nunca sale de él. Ninguno de los dos extremos puede suplantar al otro: el CI no puede desplegar, y el servidor no puede firmar.
La validación fueron dos pruebas sobre el sistema real: una imagen firmada por el CI superó el gate y se desplegó; una imagen sin firma fue rechazada y el despliegue abortado, con el rechazo anotado en el registro de despliegues. El gate es fail-closed: ante la duda, no se despliega.